Una y otra vez, aunque conozcamos los paisajes del amor, su pequeño comentario lleno de nombres tristes y el abismo terrorífica mente silencioso en el que caen los otros; una y otra vez, los dos salimos a caminar bajo los árboles antiguos, nos tumbamos una y otra vez, sobre las flores mirando al cielo. Sam~
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| Cuando el amor te hace temblar en otoño, es mejor que el invierno no llegue nunca. |
Último capítulo~
Seguí mirándola.
Ella no me había visto. Estaba concentrada retirando el hielo que cubría el comedero, siguiendo metódica mente los pasos de una rutina casi automática -limpiar el comedero, abrirlo, rellenarlo, cerrarlo- como si aquello fuese lo mas importante del mundo.
La miré, esperado a que se diera la vuelta y advirtiera mi silueta oscura en el bosque. Ella se caló el gorro y sopló para ver como su aliento se condensaba en una nubecilla fugaz. Dio una palmada para sacudir la nieve de sus guantes y echó a andar asta la casa.
No pude ocultarme más. Exalé lentamente; ella me oyó y volvió la cabeza en mi dirección. Su mirada encontró el bao de mi aliento y, cuando la nube desapareció, se posó en mí. Di un paso cauteloso hacia ella, sin saber como reaccionaria.
Ella se quedo inmóvil, tensa, como un ciervo. Seguí acercándome con pasos lentos, dejando un rastro limpio en la nieve hasta salir del bosque y encontrarme junto a ella.
Me miró en silencio, aun sin moverse. El labio inferior le temblaba un poco. Parpadeo y tres lágrimas brillantes le cayeron por la mejillas.
Podría haberse fijado en todos los pequeños milagros que tenia delante: mis pies, mis manos, mis dedos, la forma de mis hombros bajo el abrigo, mi cuerpo humano; pero se limito a mirarme a los ojos. El viento me golpeo de nuevo, pero ya no tenia poder sobre mi. El frío me entumecía los dedos, pero no los transformaba en otra cosa.
-Grace-musite-.Di algo.
-Sam-dijo, y me aferre a ella.

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