Allí estaba yo, sentada en el mismo lugar que todas las mañanas, escuchando a lo lejos como el profesor de matemáticas estaba explicando las raíces. Allí estaba yo, mirando por la ventada, como salía el sol, como todos los días. Siempre ocurre lo mismo. Parece algo mágico. El sol va saliendo con un color naranja/amarillo por detrás de los edificios. Empieza a inundar con esa luz tan cálida las ventanas de clase. Esa luz tan maravillosa va alumbrando la parte de arriba de la copa del árbol. Las hojas van cambiando de color, primero de un naranja apagado a un amarillo. Luego alumbra más parte de la copa del árbol y se pueden distinguir muchos colores; verde, marrón, naranja, rojo, amarillo, pistacho... Cómo ya he dicho antes; parece algo mágico.
Seguía mirando por la ventana. Veía la casa de enfrente. Me recordaba a <mi casa>. Se abrió la puerta y salieron dos niñas, de unos seis y siete años. Y detrás de ellas, la niñera con un carro de bebé. Su madre en la puerta, con pijama. Estaba embarazada. Les dio un beso en las mejillas a cada una de sus hijas y se despidió con la mano. Eso lo hacían todos los días. Pero no me cansaba de verlo. Me recordaba a cuando mi madre me lo hacía cuando tenía siete años. Siempre me daba un beso en la mejilla y me chocaba la mano como sólo ella sabía hacerlo. La echaba de menos y mucho.
- Alexandra -dijo el profesor- ¿puede decirme lo que acabo de explicar?
- Em.. am... no lo sé profesor -balbuceé mirando mi libreta y sonrojandome mientras oía risas burlonas por detrás de mí.
- Cuando termine la clase no te vayas, tengo que hablar contigo. -me dijo con tono serio.
Mike me hizo una mirada de preocupación. Podía ver lo que me estaba preguntando "¿qué te ocurre?".
Mike es mi mejor amigo. Lo conozco.. bueno, desde que llegué a este internado. Desde entonces somos inseparables. ¿Porque? Supongo que nos unen las cosas en común. Yo llegué aquí a los siete años, tras la muerte de mi madre en un accidente de tráfico. Me dejaron elegir, o vivir con mi padre o meterme en este internado. Mi elección fue fácil. Mi padre es un borracho, y cuando no está en un bar bebiendo, está con alguna chica en algún motel. No se como mi madre pudo fijarse en un tipo así. Mike lleva en este internado desde que nació. Su padre murió como soldado en una guerra y su madre les abandonó a él y a su hermano pequeño, Josh. Yo tuve la suerte de tener una madre, aunque sólo fuera hasta los siete años, pero Mike y Josh, nunca sabrán lo que es.
Le dije con los labios que nada, pero él supongo que no se lo creyó. Acabamos las clases y el profesor me tuvo la típica charla de "te veo más despistada estos días" o "si tienes algún problema, habla con el señor Till, él siempre sabe que hacer". Asentí y le dije que me concentraría más. Estaba harta de estar siempre hablando con el señor Till. Era el psicólogo del internado. Desde que mi madre falleció, me obligaron a ir a aquella espantosa habitación para hablar con él sobre mi problema.
Cuando terminé de hablar con el profesor, Mike me esperaba en la puerta frunciendo el ceño preocupado.
- ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué te ha dicho? ¿Te ha vuelto a echar la charla? -me dijo con intriga.
- Sí, lo ha vuelto a hacer. Y me ha recomendado que hable más a menudo con el señor Till. -puse los ojos en blanco y me puse bien la mochila.
- Bueno, estas acostumbrada. Además te lo ha "recomendado". -dijo comprensivo-. Ahora dime, ¿que estabas mirando en clase por al ventada? Siempre miras por esa ventana, y siempre lo haces con tristeza..
- ¿La ventana? ¡Oh! Nada nada, tonterías mías, ya sabes. Me asombra todo lo que veo.
- Álex, a mi no me engañas. Sabes que puede confiar en mí. -me dijo Mike con su cariñosa sonrisa-.
- Nada, sólo es que.. -Aver, sí, Mike era mi mejor amigo, pero las cosas que hacía con mi madre, quiero guardarlas en secreto. Eran mías y de ella, y de nadie más.- Añoro el mundo exterior. Veo las calles y a los niños pequeños jugando en el parque.. añoro poder salir de este maldito sitio.
- Ya bueno, pero tranquila. Pronto vamos a poder salir de aquí como adultos. A los 16 seremos totalmente libres -me sonrió y me guiño un ojo-.
Mike siempre se preocupaba por mí. Él dice que yo era como su hermana pequeña, aunque tubieramos la misma edad. Bueno, él era mayor unos meses, pero creo que yo tenía más cerebro que él. Lo único que había conseguido bueno tras la muerte de mi madre, había sido conocerle a él.
Fui a mi taquilla, a dejar los libros y dejar la mochila para ir al comedor, cuando me giré y noté como unos ojos azules/verdes estaban mirándome fijamente sin apartar la vista. Se me paró la respiración. Jamás había visto a ese chico por el internado Warhol. Sin duda era nuevo. Ni siquiera llevaba puesto el uniforme. Seguía mirándome con la vista fija. Yo seguía mirándole. Le estaba desafiando. Ese chico me sonaba tan familiar. ¿Lo había visto en algún sitio? Finalmente, me hizo una sonrisa, estuvo un segundo más mirándome, dio media vuelta, y se fue. Yo seguía mirándole. Su rostro me parecía muy familiar. ¿Quién era? Pero sobretodo me impactaron esos ojos verdes/azules. Jamás había visto nada igual.
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